lunes, 22 de abril de 2019

ISABEL GUEDEZ "CHAVELA", UNA HISTORIA DESCONOCIDA, SU VIDA ES UN BELLO RECUERDO PARA SU PUEBLO
Por: José Gregorio Torres D. 

A LA MUÑECA DE MI PUEBLO.

El Morro no se quedó rezagado en la historia de Carache de allí surge una historia que se desprende de las raíces mismas de nuestra idiosincrasia, hoy es cuando después de tanto tiempo comienzo a enlazar aquellos comentarios que me hiciera la misma Nicolasa cuando me decía que recordaba cuando muy pequeña su papá la llevaba al conuco y que de camino a este, tenían que pasar por un lugar donde habitaban unos indiecitos que al verlos se escondían y que no hablaban y sus vestidos escasos, le hacían ver más desnudos que cubiertos, Vivian en casa hechas de cepas de cambur empalados y dormían casi que en el suelo y de eso no hace más de cincuenta años, era el camino que venía de Santo Domingo y que pasaba por El Paval hasta llegar a Carache por los lados del las mesitas y el Bucarito, por allí bajó un día una mujer que por el impulso del sentimiento por un hombre, no le importó dejar a su madre, para seguir a su amor platónico, era una mujer joven y tal vez bonita, quien se lo puede imaginar. Días antes había llegado a su casa, uno de los pulperos mas prósperos del pueblo para intercambiar comida por mercancía, así funcionaba hace medio siglo el trueque, pero el comerciante lejos de esperar esta reacción de la niña cumplió su cometido y regresó al pueblo,  tarde se enteraría que esta india jovencita había decidido seguirlo, ya había tenido un altercado con su madre que preocupada trató de que la niña no se marchara y entre tanto jaleo hasta una olla de tierra que en el fogón estaba hirviendo,  le calló en el cuerpo quemándose y quedando tirada en el piso,  su hija sin mirar atrás, se alejó en persecución de aquel hombre joven y apuesto, comenzarían para ella los desengaños y las penurias, así mientras fue joven y trabajaba, pudo traerse a su  progenitora hasta una barraca que se construyó con la ayuda del joven comerciante, pero tarde que temprano aquello terminó y aquel hombre se casó y formó un hogar respetable, abandonando a su suerte a la a joven; quien ahora tenía a su cargo a su progenitora. Empezó entonces a cambiar su estado de ánimo y como era de pocas palabras, se fue encerrando en ella misma, Aquella indiecita vio morir a su madre y allí mismo como eran vecinas del cementerio Norte, enterró a su único tesoro, a partir de allí empezó su andar, sin descanso descalza y por las calles de Carache, así vio pasar los días, los meses, los años y con ellos generación tras generación, la vimos pasar pidiendo de cuando en cuando un cabito de vela para alumbrarse la conciencia, pero nunca le faltó el vestido dominguero ya que desde siempre se colocaba el mejor camisón para asistir a misa los domingos, a veces cuando algún desentonado borracho le trataba de agarrar, gritaba pero más que gritos parecían aullidos y entonces cuando estos no surtían efectos, desesperada recogías piedras las que llamábamos sazares o sarullas. Cuando mi generación la conoció vestía unos harapos hechos de remienditos cocidos con tanto amor y paciencia, que los hacían tan fuertes capaces de sostener una bolsa llena de cartones trapos y quien sabe cuántas cosas más y la que al caminar se le bamboleaba de un lado a otro. Durante mucho tiempo la familia Cumaná fue su auxilio, allí pernoctaba y se alimentaba, pero sin alterar sus costumbres tendiendo en el suelo unos cartones allí se recostaba a descansar. Bien dijo Rafael Narvarte reconocido museógrafo, cuando al verla me pregunta  frente a la casa de corredor. ¿ y ella quien es y porque viste así ? y yo le contesto, ella es Chávela, ¿ y su nombre ? preguntó y le respondo  Isabel Guedez, hasta ese momento yo desconocía toda la historia que encerraba este misterioso personaje que al mirarlo daba la impresión de ser, una figura de la era prehistórica, un rostro lleno de arrugas y tostado por el sol . La lluvia era su principal enemiga,  pues los truenos y relámpagos eran su mayor temor. sus piernas mostraban unas batatas fuertes que seguramente había adquirido en tanto caminar, sus pies descalzos y  anchos, dedos gruesos y amarrados con cordones para espantar los calambres. con una capa de piel muerta como un enorme cayo que le permitía caminar sobre las espinas de los cujíes que tanto abundan en nuestro Carache, con su pote en la mano, va de casa en casa pidiendo lo que le quieran dar, pero no habla y si habla lo hace muy poco y muy bajito;  así la conoció por mi medio, Zobeida la muñequera, aquella mujer que se dice madre de todos los hombre que mueren por la vida, y a la que el cantor del pueblo Alí primera le dedicara una canción, conmigo desde Guanare, le envió una misiva que decía " Llévale a la muñeca de tu pueblo, la de remiendos de colores y pies descalzos de tanto amor. un saludo cariñoso de Zobeida la Muñequera. Papel preponderante tubo chávela cuando fue representada en una obra dirigida  por Pilar Romero con el teatro juvenil Nacional Núcleo Valera. En la obra titulada "Con la Mano Izquierda", la cual recorrió el Cairo y donde obtuvo un premio internacional. Ya cansada y con pocas probabilidades de auto sostenerse por sí misma, un grupo de persona acordaron ingresarla en el Ancianato de Carache  allí por primera vez contó con la ayuda de un grupo de personas profesionales que le hicieron sus últimos años días y horas más felices,  así se fue como llegó; pero con una gran diferencia, marcó con su presencia la imagen de Carache y ahora sin ella caminando por las calles es la gran ausente, es la otra Luz Caraballo.

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