ISABEL GUEDEZ "CHAVELA", UNA HISTORIA
DESCONOCIDA, SU VIDA ES UN BELLO RECUERDO PARA SU PUEBLO
Por:
José Gregorio Torres D.
A LA MUÑECA
DE MI PUEBLO.
El Morro no se quedó
rezagado en la historia de Carache de allí surge una historia que se desprende
de las raíces mismas de nuestra idiosincrasia, hoy es cuando después de tanto
tiempo comienzo a enlazar aquellos comentarios que me hiciera la misma Nicolasa
cuando me decía que recordaba cuando muy pequeña su papá la llevaba al conuco y
que de camino a este, tenían que pasar por un lugar donde habitaban unos
indiecitos que al verlos se escondían y que no hablaban y sus vestidos escasos,
le hacían ver más desnudos que cubiertos, Vivian en casa hechas de cepas de
cambur empalados y dormían casi que en el suelo y de eso no hace más de
cincuenta años, era el camino que venía de Santo Domingo y que pasaba por El
Paval hasta llegar a Carache por los lados del las mesitas y el Bucarito, por
allí bajó un día una mujer que por el impulso del sentimiento por un hombre, no
le importó dejar a su madre, para seguir a su amor platónico, era una mujer
joven y tal vez bonita, quien se lo puede imaginar. Días antes había llegado a
su casa, uno de los pulperos mas prósperos del pueblo para intercambiar
comida por mercancía, así funcionaba hace medio siglo el trueque, pero el
comerciante lejos de esperar esta reacción de la niña cumplió su cometido y
regresó al pueblo, tarde se enteraría que esta india jovencita había
decidido seguirlo, ya había tenido un altercado con su madre que preocupada
trató de que la niña no se marchara y entre tanto jaleo hasta una olla de
tierra que en el fogón estaba hirviendo, le calló en el cuerpo quemándose
y quedando tirada en el piso, su hija sin mirar atrás, se alejó en
persecución de aquel hombre joven y apuesto, comenzarían para ella los
desengaños y las penurias, así mientras fue joven y trabajaba, pudo traerse a
su progenitora hasta una barraca que se construyó con la ayuda del joven
comerciante, pero tarde que temprano aquello terminó y aquel hombre se casó y formó
un hogar respetable, abandonando a su suerte a la a joven; quien ahora tenía a
su cargo a su progenitora. Empezó entonces a cambiar su estado de ánimo y
como era de pocas palabras, se fue encerrando en ella misma, Aquella
indiecita vio morir a su madre y allí mismo como eran vecinas del cementerio
Norte, enterró a su único tesoro, a partir de allí empezó su
andar, sin descanso descalza y por las calles de Carache, así vio pasar los
días, los meses, los años y con ellos generación tras generación, la vimos
pasar pidiendo de cuando en cuando un cabito de vela para alumbrarse la
conciencia, pero nunca le faltó el vestido dominguero ya que desde siempre se
colocaba el mejor camisón para asistir a misa los domingos, a veces cuando
algún desentonado borracho le trataba de agarrar, gritaba pero más que gritos
parecían aullidos y entonces cuando estos no surtían efectos, desesperada
recogías piedras las que llamábamos sazares o sarullas. Cuando mi generación la
conoció vestía unos harapos hechos de remienditos cocidos con tanto amor y
paciencia, que los hacían tan fuertes capaces de sostener una bolsa llena de
cartones trapos y quien sabe cuántas cosas más y la que al caminar se le
bamboleaba de un lado a otro. Durante mucho tiempo la familia Cumaná fue
su auxilio, allí pernoctaba y se alimentaba, pero sin alterar sus
costumbres tendiendo en el suelo unos cartones allí se recostaba a descansar.
Bien dijo Rafael Narvarte reconocido
museógrafo, cuando al verla me pregunta frente a la casa de corredor. ¿ y
ella quien es y porque viste así ? y yo le contesto, ella es Chávela,
¿ y su nombre ? preguntó y le respondo Isabel Guedez, hasta ese momento
yo desconocía toda la historia que encerraba este misterioso personaje que al
mirarlo daba la impresión de ser, una figura de la era prehistórica, un
rostro lleno de arrugas y tostado por el sol . La lluvia era su
principal enemiga, pues los truenos y relámpagos eran su mayor
temor. sus piernas mostraban unas batatas fuertes que seguramente había adquirido
en tanto caminar, sus pies descalzos y anchos, dedos gruesos y amarrados
con cordones para espantar los calambres. con una capa de piel muerta como
un enorme cayo que le permitía caminar sobre las espinas de los cujíes que
tanto abundan en nuestro Carache, con su pote en la mano, va de casa en casa
pidiendo lo que le quieran dar, pero no habla y si habla lo hace muy poco y muy
bajito; así la conoció por mi medio, Zobeida la muñequera, aquella mujer que se dice madre de todos los
hombre que mueren por la vida, y a la que el cantor del pueblo Alí primera le dedicara
una canción, conmigo desde Guanare, le envió una misiva que decía " Llévale a la muñeca de tu pueblo, la de
remiendos de colores y pies descalzos de tanto amor. un saludo cariñoso de
Zobeida la Muñequera. Papel preponderante tubo chávela cuando fue
representada en una obra dirigida por Pilar Romero con el teatro
juvenil Nacional Núcleo Valera. En la obra titulada "Con la Mano Izquierda", la
cual recorrió el Cairo y
donde obtuvo un premio internacional. Ya cansada y con pocas probabilidades de
auto sostenerse por sí misma, un grupo de persona acordaron ingresarla en
el Ancianato de Carache allí por primera vez contó con la ayuda de un
grupo de personas profesionales que le hicieron sus últimos años días y
horas más felices, así se fue como llegó; pero con una gran diferencia,
marcó con su presencia la imagen de Carache y ahora sin ella caminando por las
calles es la gran ausente, es la otra Luz Caraballo.

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